Por: Tamara Paloma
Martin Niemöller nació el 14 de enero de 1892 en Lippstadt, Alemania, y murió el 6 de marzo de 1984. Antes de ser pastor luterano, Niemöller sirvió como oficial de submarino durante la Primera Guerra Mundial. En sus primeros años tuvo una postura nacionalista y conservadora, y simpatizó con Hitler, como muchos alemanes que vieron en el nazismo una promesa de orden frente al comunismo y la crisis política (United States Holocaust Memorial Museum [USHMM], s. f.).
Sin embargo, Niemöller se distanció del régimen cuando el nazismo intentó controlar las iglesias protestantes. Por oponerse a esa subordinación, fue detenido en 1937 y enviado a la cárcel de Moabit, en Berlín. Aunque un año más tarde, en 1938, fue liberado —o, con mayor precisión, su prisión preventiva fue computada como pena cumplida—, ese mismo año fue nuevamente detenido por orden de Hitler y llevado a Sachsenhausen, un campo de concentración nazi, desde donde terminó siendo trasladado a Dachau el 11 de julio de 1941, para permanecer allí hasta 1945 (Gedenkstätte und Museum Sachsenhausen, 2018).
El historiador Harold Marcuse señala que, el 6 de enero de 1946, Niemöller habló ante representantes de la Iglesia Confesante en Frankfurt y allí desarrolló la idea que luego sufriría diversas transformaciones y que se atribuiría —décadas después— a Bertolt Brecht, poco después de su muerte en 1956 (Marcuse, 2014).
Hay un fragmento que, aunque no es el resultado directo del original alemán, sino que proviene de la traducción al inglés de Renee Spodheim, publicada en Nueva York por Philosophical Library en 1947, y que se halla en el trabajo del historiador Harold Marcuse, profesor de Historia en la Universidad de California, tiene, pese a no poseer demasiado valor artístico, un inmenso valor histórico (Marcuse, 2014). Es el siguiente:
Las personas que entonces fueron llevadas a los campos eran comunistas.
¿A quién le importó?
Nosotros lo sabíamos; estaba impreso en los periódicos.
¿Quién alzó la voz? ¿Tal vez la Iglesia Confesante?
Pensamos: “Comunistas, esos enemigos de la religión, esos enemigos de los cristianos…”.
¿Acaso soy yo guarda de mi hermano?
Luego se deshicieron de los enfermos, los llamados incurables. Recuerdo una conversación con una persona que decía ser cristiana. Decía: “Quizá sea correcto; estos enfermos incurables solo cuestan dinero al Estado, son una carga para sí mismos y para los demás. ¿No sería mejor para todos que fueran sacados de en medio?”. Solo entonces la Iglesia, como tal, tomó nota.
Entonces empezamos a hablar, hasta que nuestras voces fueron nuevamente silenciadas en público. ¿Podemos decir que no somos culpables?
La persecución de los judíos, la manera en que tratamos a los países ocupados, o lo ocurrido en Grecia, en Polonia, en Checoslovaquia o en los Países Bajos, todo eso estaba escrito en los periódicos. Creo que nosotros, cristianos de la Iglesia Confesante, tenemos toda razón para decir: mea culpa, mea culpa. Podemos excusarnos diciendo que nos habría costado la cabeza si hubiéramos hablado.
Preferimos guardar silencio. Ciertamente no estamos libres de culpa. Y me pregunto una y otra vez qué habría ocurrido si en 1933 o 1934 —cuando todavía debía existir alguna posibilidad— catorce mil pastores protestantes y todas las comunidades protestantes de Alemania hubieran defendido la verdad hasta la muerte. Si hubiéramos dicho entonces: no es correcto que Hermann Göring meta simplemente a cien mil comunistas en campos de concentración para dejarlos morir.
(Niemöller, 1947, citado y comentado en Marcuse, 2014).
Martin Niemöller
(1892 – 1984)
La transformación de Niemöller lo obligó a mirar la tragedia desde la perspectiva de sus víctimas. Esta transformación progresiva y dolorosa debió tener tres momentos.
Primero, la caída de su ilusión nacionalista, que lo llevaba a pensar que Alemania podía restaurarse moralmente desde una unión entre nación, orden y cristianismo. La cárcel le mostró que ese Estado que decía defender a Alemania era capaz de destruir la conciencia, la fe y la vida humana. Su conflicto se generó al tener que decidir entre la obediencia a los principios autónomos de la Iglesia o al Führer. Pero, en prisión, ya no se trataba solo de salvar a la Iglesia, sino de comprender qué ocurre cuando una comunidad religiosa calla ante la destrucción de otros (USHMM, s. f.).
Segundo, el encuentro con otros prisioneros en Sachsenhausen y Dachau, perseguidos por razones políticas, religiosas, étnicas y nacionales. Ese contacto fue desarmando su paradigma y conduciéndolo hacia una visión más internacional y universal del cristianismo (Gedenkstätte und Museum Sachsenhausen, 2018).
Tercero, la culpa retrospectiva que nació, probablemente, de la vergüenza de haber descubierto tardíamente la realidad. El Museo del Holocausto explica que la cita procede de sus discursos improvisados de posguerra y que expresaba la complicidad mediante el silencio, especialmente de líderes protestantes alemanes (USHMM, 2023).
Sobre la atribución del poema “Primero se llevaron” a Bertolt Brecht, no se distingue como parte de algún poemario en particular. La aparición de la adaptación de lo dicho por Niemöller aparece en algunas publicaciones periódicas en español; al parecer, se le atribuyó a Brecht por similitudes estilísticas. Brecht ya estaba muerto para aclarar la confusión, pues murió el 14 de agosto de 1956. Se le conoce en la versión siguiente, como la más extendida (Encyclopaedia Britannica, s. f.; Marcuse, 2014):
Primero se llevaron a los comunistas,
pero a mí no me importó,
porque yo no era comunista.
Luego se llevaron a los obreros,
pero a mí no me importó,
porque yo no era obrero.
Después detuvieron a los sindicalistas,
pero a mí no me importó,
porque yo no era sindicalista.
Después apresaron a unos curas,
pero como yo no era religioso,
tampoco me importó.
Ahora me llevan a mí,
pero ya es tarde.
Bertolt Brecht (1898 – 1956)
Más allá del padre real y del que resultó ser el padre putativo, sin saberlo, esta idea resulta ser más actual que nunca.
Referencias bibliográficas
Encyclopaedia Britannica. (s. f.). Bertolt Brecht. En Encyclopaedia Britannica. Recuperado el 24 de junio de 2026, de https://www.britannica.com/biography/Bertolt-Brecht
Gedenkstätte Deutscher Widerstand. (s. f.). Martin Niemöller. Recuperado el 24 de junio de 2026, de https://www.gdw-berlin.de/vertiefung/biografien/personenverzeichnis/biografie/view-bio/martin-niemoeller/
Gedenkstätte und Museum Sachsenhausen. (2018, 6 de abril). Vortrag über Martin Niemöller in der Gedenkstätte Sachsenhausen. https://www.sachsenhausen-sbg.de/presse/presseinformationen/16-2018-vortrag-ueber-martin-niemoeller-in-der-gedenkstaette-sachsenhausen/
Marcuse, H. (2014). The origin and reception of Martin Niemöller’s famous quotation: “First they came for the Communists…”. University of California, Santa Barbara. https://marcuse.faculty.history.ucsb.edu/projects/niem/articles/Marcuse2014NiemoellerQuote147gWeb.pdf
Niemöller, M. (1947). Of guilt and hope (R. Spodheim, Trad.). Philosophical Library. (Obra original publicada en 1946).
United States Holocaust Memorial Museum. (2023, 11 de abril). Martin Niemöller: “First they came for the Socialists…”. Holocaust Encyclopedia. https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/martin-niemoeller-first-they-came-for-the-socialists
United States Holocaust Memorial Museum. (s. f.). Martin Niemöller: Biography. Holocaust Encyclopedia. Recuperado el 24 de junio de 2026, de https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/martin-niemoeller-biography