Cuentos y poesía para niños:
LA OTRA ESTRELLA
Un cuento de Carmen Luz Gorriti
Estrella ha inventado otra Estrella. Dice que es su hermana.
También dice que es su mejor amiga y que tiene 5 años, como ella.
Yo le digo que en mi barriga ya viene una hermanita, dentro de poco tiempo van a jugar juntas, no tiene que inventar ninguna Estrellita. Ella no me escucha.
Ayer me contó que la otra Estrella no quiere salir a correr al Parque, porque prefiere quedarse en casa.
La otra Estrella tiene miedo al virus y a los ladrones.
La otra Estrella llora mucho y desobedece.
A veces mi niña no quiere nada porque la otra Estrella tampoco quiere.
Le dije que la otra Estrellita tiene que terminar de comer su comida para que más tarde pueda pedir un helado de chocolate.
La otra hace pequeñas maldades y yo le digo a mi niña que tengo mucha suerte porque solo tengo una hija llamada Estrella, que es única para mí y como ella no va a haber otra.
Estrella mira al cielo donde parpadean los luceros, luego me dice: ¿y esas que están arriba, como se llaman?
Cuando le digo que ninguna es tan bonita como ella, se acurruca en mis brazos y se duerme.
Estrella baila y lo hace cada vez más lindo. Recoge la punta de su falda larga, dobla un poco las rodillas, eleva su cabeza. Cuando echa a andar la música, sus pies se agitan, gira, salta, toca el cielo, vuela alto, se desliza en el piso, hace girar su pañuelo. La miro. Parece que estuviera viendo a un pájaro y de repente parece un caballito, pero después se mueve como una ola. Doy palmas para acompañar el ritmo y ella sonríe. Pone punta o talón, con los pies hace tijerita, machete, se mueve ligera como la luz, se expande, se concentra. Y de repente se detiene.
Ahora Estrellita se quita la falda de baile, bota el pañuelo, ya no quiere bailar. Yo le pregunto:
– ¿Por qué?
– Estrella no quiere que baile, solo quiere que esté sentada.
Entonces la abrazo y la recuesto sobre mi barriga, que está cada vez más grande. Ella se queda quieta, yo pienso que está triste, pero no es cierto, ella está atenta. De repente, un calambre pone dura una parte de mi vientre y empieza a abultarse en el mismo lugar donde Estrella está reposando su mejilla.
Entonces levanta su cabeza y me mira con ojos encendidos.
-Mamá, ¿tú te has comido a Estrellita?
-¿Qué dices mi niña? La que está adentro de mi barriga, lista para nacer, es tu hermanita Antonia. ¿Por qué piensas que ella es Estrella?
– ¡Me ha dado un beso, mamá! ¡Ella me quiere!—y se ríe.
Cuando Estrella se ríe, ninguna otra estrella brilla tanto en el cielo.
PATA DE CISNE
Un cuento de: Carmen Luz Gorriti
Dedicado a Yrjö Kokko
Era una tarde de sol en el lago. El pueblo estaba de alboroto, para despedir la luz del verano. Los jóvenes dejaron a un lado el hacha de cortar leña y se vistieron de colores, después se juntaron en grupo para decirse cosas y reír. Algunos cantaban y otros tocaban sus instrumentos, después movían los pies, dando saltitos y llamaban a los otros para que se acerquen a bailar. Me gusta escuchar la alegría de esa música de los jóvenes. Los mayores se dedicaban a adornar las mesas y avivar la brasa donde cocinan sus comidas. Unos niños empezaron a lanzar miguitas y granos para que las aves se acerquen a comer.
El aire desordenó mis plumas, empieza a hacer frío, para nosotras ya llegó la hora de volar al sur.
Onni fue más rápido y alcanzó el mejor bocado que lanzaron los niños, después vino con paso apurado y me lo entregó. Nuestros corazones laten como uno, yo inclino mi cabeza hacia él y Onni inclina su cabeza hacia mí. Nuestros cuellos se entrelazan.
Al vernos, Eeva dijo a su novio:
¡Mira el dibujo que hacen con sus cuellos, parece un corazón!
Jukka acercó su boca al oído de Eeva y cantó.
La gente del pueblo nos mira con mirada bonita a Onni y a mí. Ahora nadie me dice “pata fea”, ahora dicen “¡mira qué bello cisne negro!
Antes me decían “¡aléjate, negra!” y me impedían estar cerca de sus casas tibias. El invierno pasado casi muero de frío, pero pude sobrevivir. Y crecer. Un día los cisnes me vieron nadar sobre el lago. Yo me había lanzado al agua para escapar al desprecio general y antes de que me diera cuenta se me acercó Onni.
Eres hermosa, cantó
Cuando me miré en sus ojos descubrí que soy una hembra de cisne, mi largo cuello no es feo, ni está equivocado. Y el color oscuro de mis plumas me hace aún más hermosa a los ojos de cisnes y humanos. Y entonces decidí que siempre estaría cerca de Onni.
Durante la primavera y el verano he nadado con los cisnes en este lago. Ellos son como yo y les he pedido que sean mi familia. Ya no quiero regresar a las cuatro paredes del corral donde todos pensaban que yo era fea porque nací entre patos y mi mamá pata no sabía por qué soy tan diferente.
Cuando Onni me pregunta, yo le digo que recuerdo muy poco de aquel tiempo triste, y me voy a nadar sobre el agua. Nos estamos despidiendo de este pueblo porque mañana temprano emprenderemos vuelo hacia el amable sur.
Allá en el meandro más oscuro del lago, veo que el cocinero Olav está descargando la basura de la cocina.
¡Eh tú, no ensucies nuestras aguas!— chillaron mis hermanas cisnes.
Al llegar el olor de aquellos desechos, yo también me sentí molesta, pero no dije nada. Tuve miedo porque conozco a Olav Koskkinen: él camina con un cuchillo en la cintura. Mi familia de patos y también las gallinas teníamos miedo de sus visitas al corral.
Quise alejarme de la basura, pero una brisa me trajo un olor que yo reconocí. El viento y las alas me ayudaron a llegar más pronto hasta el charco de plumas, donde el cocinero había arrojado los restos del almuerzo. No tuve que mirar demasiado: allí flotaba el plumaje blamco de mi madre pata.
Recordé que ella le dio calor al nido para que yo pudiera salir del cascarón y luego me dejó arrimarme debajo de su ala. Nunca me dijo fea y fue la única que me defendió de los picotazos de las otras aves del corral. Ahora mi madre estaba convertida en un montoncito de plumas.
Soy torpe y lenta en tierra, pero eso no importa. Salí del lago y caminé sobre el lodo hasta el corral. donde viví todo lo bueno y lo malo de mi primer año de vida. Cuando llegué, vi que en uno de los nidos, una nueva camada de huevos blancos esperaba que la madre pata regrese para empollarlos.
¿Por qué Olav quiso preparar el almuerzo con una madre que está empollando?
Han transcurrido 10 días desde que dejé de ir a nadar al estanque. Laulujoutsen, mi familia, ya vuela los cielos limpios rumbo al sur. A veces bajan y se sientan a descansar en los humedales. Entre ellos viaja Onni.
“¡Espero tu regreso en primavera!” le dije en mi canto. Yo creo que él me escuchó.
En el nido de los patos empollo, como una madre, grande, quieta y cálida. Esta mañana mi primer patito rompió el cascarón.